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Día Internacional de las Personas Sordas: comunicar es un derecho

Día Internacional de las Personas Sordas: comunicar es un derecho
Publicado el 23/09/2026 · 3 min de lectura
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La lengua de signos, la accesibilidad y la eliminación de barreras son claves para garantizar la participación plena de las personas sordas en la sociedad

Cada año, el Día Internacional de las Personas Sordas pone el foco en una realidad que continúa siendo desconocida para buena parte de la sociedad: las dificultades a las que se enfrentan millones de personas sordas para comunicarse y acceder a la información. Más allá de una jornada de sensibilización, la fecha invita a reflexionar sobre una cuestión fundamental: comunicar es un derecho.

La sordera no impide a una persona relacionarse, estudiar, trabajar, disfrutar de la cultura o participar en la vida pública. Sin embargo, las barreras de comunicación pueden limitar estas actividades cuando el entorno no ofrece los recursos necesarios.

Una cuestión de derechos

Para muchas personas sordas, la lengua de signos constituye una herramienta fundamental de comunicación y, para quienes la utilizan, forma parte de su identidad y de su manera de relacionarse con el mundo. Garantizar su presencia y el acceso a servicios de interpretación es, por tanto, una cuestión de accesibilidad.

El problema aparece cuando una persona no puede recibir una información porque esta solo está disponible en formato oral, cuando no puede realizar un trámite porque no existe interpretación en lengua de signos o cuando una emergencia se comunica exclusivamente mediante mensajes sonoros.

En estos casos, la dificultad no está necesariamente en la persona, sino en un entorno que no ha tenido en cuenta diferentes formas de comunicación.

La información también debe ser accesible

Uno de los ámbitos en los que las barreras pueden hacerse especialmente visibles es el acceso a la información. Noticias, campañas institucionales, avisos de emergencia, contenidos educativos o servicios sanitarios deben poder llegar a toda la ciudadanía.

La incorporación de subtítulos, interpretación en lengua de signos, textos accesibles y sistemas de comunicación alternativos permite reducir estas barreras. También es importante que estos recursos estén disponibles de manera adecuada y no únicamente de forma excepcional.

La accesibilidad comunicativa beneficia, además, a otros colectivos. Los subtítulos, por ejemplo, pueden facilitar el acceso a contenidos audiovisuales a personas con dificultades auditivas, pero también a quienes están aprendiendo un idioma, se encuentran en lugares ruidosos o simplemente prefieren consumir información escrita.

Educación: una etapa decisiva

La educación es otro de los grandes ámbitos en los que la comunicación desempeña un papel esencial. Durante la infancia y la adolescencia se desarrollan las habilidades lingüísticas, sociales y académicas, por lo que disponer de una comunicación adecuada resulta fundamental.

Las necesidades de cada estudiante sordo pueden ser diferentes. Algunas personas utilizan la lengua de signos; otras emplean principalmente la lengua oral y pueden utilizar audífonos o implantes cocleares. Por eso, la atención educativa debe adaptarse a las circunstancias de cada alumno y garantizar que pueda acceder a los contenidos y participar en igualdad de condiciones.

La presencia de profesionales especializados, recursos tecnológicos y materiales accesibles puede marcar una diferencia importante en la experiencia educativa.

Más allá de las palabras

Hablar de comunicación no significa únicamente hablar de lengua de signos. También implica prestar atención a cómo se diseñan los espacios y los servicios públicos.

Una persona sorda puede encontrarse con obstáculos en una consulta médica, una comisaría, un centro educativo, una entrevista de trabajo o una actividad cultural si no existen mecanismos que permitan una comunicación efectiva.

Por eso, la accesibilidad debe entenderse como un principio transversal. No basta con adaptar una situación concreta cuando aparece una necesidad: es necesario diseñar servicios y espacios pensando desde el principio en la diversidad de las personas que los utilizarán.

Una sociedad que escucha de otra manera

El Día Internacional de las Personas Sordas también permite cuestionar algunos estereotipos. Ser sordo no significa ser incapaz de comunicarse. Tampoco existe una única forma de vivir la sordera.

Hay personas sordas signantes, personas oralistas, personas con distintos grados de pérdida auditiva y personas que combinan diferentes sistemas de comunicación. Sus experiencias pueden ser muy diferentes.

Por eso, la sensibilización debe ir acompañada de algo más: escuchar a las propias personas sordas y contar con ellas en las decisiones que afectan a sus vidas.

Comunicar es participar

Poder comunicarse significa mucho más que intercambiar palabras. Significa poder tomar decisiones, expresar opiniones, acceder a la educación, recibir atención sanitaria, conocer los propios derechos y participar en la sociedad.

Cuando una persona no puede acceder a una información por falta de accesibilidad, su participación queda limitada.

Por eso, la reivindicación de este día puede resumirse en una idea sencilla: la comunicación no debe depender de la capacidad de una persona para adaptarse a un entorno diseñado para otros. Es la sociedad la que debe eliminar las barreras que impiden que todas las personas puedan comunicarse.

El Día Internacional de las Personas Sordas es, así, una oportunidad para mirar más allá de la sordera y poner el foco en la accesibilidad. Porque garantizar la comunicación significa garantizar también la igualdad, la autonomía y la participación.

Comunicar no es un privilegio. Es un derecho.

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