Durante años se creyó que el mundo dentro del útero era silencioso. Sin embargo, la investigación científica ha demostrado todo lo contrario: el feto no solo oye, sino que también reacciona, aprende y se adapta a los sonidos mucho antes de nacer.
Uno de los hallazgos más reveladores se registró en 1994, cuando P. Hepper y S. Shahidullah observaron que los fetos comenzaban a responder a sonidos de 500 Hz a partir de la semana 19 de gestación. Más adelante, a las 27 semanas, el 96 % de los fetos reaccionaba a tonos de 250 Hz y 500 Hz, mientras que no mostraban respuesta a frecuencias más altas, como 1000 Hz y 3000 Hz. Solo entre las semanas 33 y 35 estos tonos más elevados empezaron a ser percibidos por todos los fetos.
El feto distingue con facilidad las vocales. En cambio, las consonantes, más agudas y suaves, apenas se perciben. En lo que respecta a la música, los fetos reconocen los patrones rítmicos, aunque los armónicos —los matices que enriquecen el sonido— se perciben de manera limitada.
Tras el nacimiento, los recién nacidos muestran preferencia por la voz de su madre y por melodías a las que estuvieron expuestos mientras estaban en el útero, lo que evidencia la existencia de aprendizaje prenatal. Según KJ Gerhardt y RM Abrams (2000), la exposición a ruidos intensos y prolongados puede alterar la audición fetal y dañar las células ciliadas internas y externas de la cóclea.
Memoria auditiva del feto
Investigaciones como las de D. Chelli y B. Chanoufi (2008) muestran que los fetos pueden almacenar recuerdos de lo que escuchan. No solo aprenden a reconocer la voz materna, sino que también distinguen sonidos externos complejos con gran precisión. Este fenómeno, denominado «aprendizaje fetal», refleja la sorprendente capacidad de discriminación auditiva que comienza incluso antes del nacimiento.
Más recientemente, estudios con resonancia magnética funcional han demostrado que áreas del cerebro relacionadas con la audición y la memoria, como el lóbulo temporal y la corteza auditiva primaria, se activan cuando el feto escucha voces y música. Esto sugiere que la memoria auditiva prenatal no solo es funcional, sino que también podría sentar las bases de la adquisición del lenguaje y la sensibilidad musical posteriores.
Asimismo, se ha observado que la repetición de canciones o historias durante el embarazo puede generar respuestas más rápidas y coherentes en el feto, lo que indica un proceso de “entrenamiento auditivo” incluso antes del nacimiento.
Exposición a ruidos externos
Más allá de la simple percepción, la exposición a ruidos fuertes durante el embarazo se ha asociado con posibles riesgos para la salud auditiva del bebé. Organismos como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. advierten que ruidos superiores a aproximadamente 115 dB pueden ser peligrosos para el feto. Estudios experimentales en animales sugieren que existe un periodo crítico en el que el oído en desarrollo es especialmente vulnerable a la exposición intensa al ruido.
Además, investigaciones epidemiológicas recientes han explorado cómo la exposición prolongada al ruido en ambientes laborales puede influir en el desarrollo del lenguaje y la capacidad auditiva de los niños. Aunque algunos resultados son preliminares, hay indicios de que los niños cuyas madres estuvieron expuestas regularmente a ruidos fuertes —como los de ciertos entornos laborales— pueden mostrar diferencias en la adquisición del lenguaje en comparación con aquellos sin esta exposición. Esto refuerza la idea de que no solo el volumen, sino también la duración y el contexto de la exposición al ruido prenatal pueden tener implicaciones duraderas más allá del simple umbral de audición fetal.






